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La adolescencia es la época más caótica a nivel interno por la que atraviesa una persona, sin embargo de ese caos saldrá un orden particular y personal. En The Home Academy lo sabemos y por eso realizamos talleres en colegios para adolescentes donde trabajamos el orden con chicos y chicas de 13 y 14 años. En estos talleres reflexionamos sobre cómo vivencian y entienden estos jóvenes el orden, pero sobre todo, cómo querrían llevarlo a cabo en esta etapa de la vida.

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El invierno nos ofrece la oportunidad de pasar más tiempo en casa, disfrutar de una vida más íntima y recogida. Es esta época la perfecta para poner en orden pequeños espacios del hogar que siempre van quedando olvidados, pero que un poco más ordenados emitirían esa armonía y paz que sabe darnos una buena organización. Repasamos algunos de estos pequeños espacios que pueden ir ordenándose en distintos momentos del fin de semana o en tardes frías.

Ordenar el costurero. ¿Dónde está ese botón azul marino cuando lo necesitáis? Es el momento de reunir los botones en un mismo sitio, los hilos, las agujas y los alfileres. Aunque no sepáis coser, un costurero básico de emergencia es muy útil en cualquier casa y si lo tenéis bien organizado tendréis sólo lo que necesitáis y siempre estará listo para que encontréis lo que buscáis.

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No hace tanto que en las casas se destinaba un armario a la ropa blanca. Así se llamaba al espacio donde se guardaban sábanas, toallas y mantelerías. Estas prendas de hogar se englobaban bajo la denominación de ropa blanca porque en su mayoría estaban confeccionadas con algodón sin teñir o blanqueado antes de la hiladura.

Además, al ser ropa de mucho uso era necesario blanquearla generalmente exponiéndola al sol, que al mismo tiempo la llenaba de vitalidad y de un agradable olor a limpio. En el siglo XVII ya encontramos cuadros en los que se representan armarios donde albergar la ropa de la casa, y en la literatura, alusiones a estos maravillosos espacios de casas antiguas donde todo era colocado con la mayor delicadeza y sentido común.

No es la primera vez que los alumnos y alumnas nos confiesan que hay algo en nuestros cursos que va más allá de los contenidos que aprenden. Nos cuentan que en cada encuentro se crea una atmósfera que, de un modo u otro, transmite que el hogar es un universo lleno de posibilidades para disfrutar y encontrar nuestro equilibrio interior, donde la persona siempre ha de estar en el centro de ese universo.

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