Hay pequeños hábitos en nuestra forma de gestionar la casa que pueden contribuir positivamente en la mejora de nuestra economía doméstica. Una de ellas es planificar menús y hacer listas de la compra cerradas, también saber prever los gastos extras del año y llevar una contabilidad saneada del hogar, sin embargo, en nuestro día a día hay otras pequeñas cosas que podemos hacer y que jugarán a nuestro favor. La correcta gestión del proceso de la colada y la plancha es un ejemplo de ello.

Podría parecer que al hacer bien la colada y al planchar no es mucho lo que podríamos conseguir en ahorro, pero si pensamos en aquello de “todo suma” veremos lo beneficioso de hacer de estas tareas algo sostenible y rentable durante el año.

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Gestionar correctamente la colada hará que nuestra ropa de vestir y la ropa de casa duren más tiempo en buen estado, sin tener que invertir en nuevas prendas cada poco tiempo. Para ello es elemental leer muy bien las etiquetas antes de proceder a lavarlas. En este sentido, es imprescindible conservar las etiquetas si las quitáis de las prendas. Para ello es muy útil guardarlas en un cuaderno junto con una descripción de la prenda.

Si aprendemos a dosificar adecuadamente los detergentes ahorraremos en ellos. En muchos casos se tiende a utilizar más detergente del que en realidad se necesita para limpiar la prenda. Incluso, en casos de poca suciedad, podemos utilizar menos cantidad de la recomendada por el fabricante. Del mismo modo, no es necesario tener distintas variedades de detergentes, con tener un detergente de calidad, a ser posible ecológico, y un jabón neutro, tipo jabón de Marsella o de Lagarto, para pretratar manchas a mano, podremos tener nuestras prendas perfectamente limpias.

Igualmente, conseguiremos un ahorro considerable en electricidad si habitualmente lavamos en frío o a 30 grados, siempre y cuando el tejido y el grado de suciedad lo permitan.

Del mismo modo, si hacemos cargas completas de lavado, ahorraremos en detergente, agua y electricidad en cada uno de ellos. Para hacer una carga completa, lo ideal es dejar un espacio de un palmo entre la ropa y la parte superior del tambor para que el lavado pueda optimizarse al máximo. En cambio si la llenamos del todo, el lavado no se haría correctamente, ni el detergente se disolvería de manera adecuada, ni habría suficiente espacio en el tambor para que la ropa pudiera frotarse para eliminar la suciedad.

Por último, si mantenemos limpios y en buen estado la lavadora y la plancha, éstos nos durarán más tiempo, ahorrando dinero, incluso, en reparar averías.

Para mantener limpia la lavadora, conviene hacer un lavado sin colada y a alta temperatura cada tres o seis meses con detergente y cloro. Aquí hay que poner especial atención en la limpieza del sello de la puerta, el filtro y el cajetín donde se acumulan restos de detergente y de suavizante.

Para cuidar la plancha, es necesario vaciar el agua del calderín cada vez que se acabe de planchar, así como pasar un paño seco por la superficie. Si normalmente utilizáis agua del grifo para llenar el calderín de la plancha, conviene que cada cierto tiempo, pongáis en él agua con vinagre a partes iguales y que calentéis después la plancha para poder purgar hasta que la suciedad salga. Después de esta operación habría que repetirla, esta vez sólo con agua para eliminar los restos de vinagre.

Por último, para quitar las posibles manchas de restos de tela quemada que pueden ensuciar nuestras prendas limpias al plancharlas, cuando la plancha esté templada, tendremos que frotar con un paño impregnado en vinagre hasta que las manchas desaparezcan. Si es necesario eliminar manchas fuertes se puede frotar con cera y planchar sobre papel de estraza o papel de cocina, de esta forma lograremos eliminarlas y tener nuestra plancha totalmente limpia y lista para nuevos usos.